Hoy es lunes 22 de Marzo, hace unas semanas un hermano me pidió que contase mis vivencias, experiencias y recuerdos de todos los años que pertenecí a La Pepa. Durante estas semanas he estado pensando qué contar y qué no contar, porque son demasiados los recuerdos acumulados durante mis 20 años (1987-2006) de desfiles bajo el chapiri de La Pepa. Sería injusto dejar de contar muchas experiencias porque todas ellas han marcado mi paso por nuestra incomparable banda y por la Cofradía. Como experiencia para recordar de mis primeros años en la banda recuerdo un Jueves Santo que fuimos a desfilar a Alhaurín de la Torre, con los moraos. Yo era mascota y antes de nuestra procesión fuimos, como otras muchas veces, a realizar el pasacalles, luego volvimos al pueblo para acompañar a María Santísima de la Soledad y nos fuimos de nuevo para Alhaurín de la Torre para realiza la procesión. Llegamos a Alhaurín de la Torre tarde y con prisas, ¿cosa rara en nosotros verdad?, para realizar el pasacalles pues teníamos que llegar al pueblo pronto. Cuando nos bajamos del autobús comenzamos a formar sin esperar que nos diesen turno y cuando pudimos nos colamos. El repertorio de bandas allí presentes era de aupa, la Aviación de Málaga, la Legión de Málaga (del Campamento Benítez) y la que a nosotros nos pareció la Guardia Real. Nos tocó desfilar los últimos, detrás de la Guardia Real, que tiene el paso de marina como lo conocemos popularmente, y nosotros detrás a todo trapo y con prisas pero sin poder correr porque ya los teníamos encima. La banda presionando a la Guardia Real y gritando al son de los tambores hasta que llegamos a la confluencia de las dos calles que llegan a la plaza central de Alhaurín de la Torre, por ahí aún pasa los desfiles procesionales. Al llegar todas las bandas estaban colocadas paralelas unas a las otras y para nosotros no quedó sitio así que Pedro Plaza mandó entrar entre las formaciones de la Aviación y la Legión. Todo el mundo sorprendido y nosotros allí, formando. Cortamos la marcha y metimos los quince palillazos, empezamos a saltar entre los dos cuerpos militares y salimos calle arriba para coger el autobús y volver al pueblo. La gente quedó entusiasmada y los aviadores y legionarios no podían dar crédito a lo que les habíamos hecho. Yo disfruté como lo que era, un niño chico.
Pero sin duda, el único sentido de toda mi pertenencia a la banda fue esperar el momento ansiado de poder llevar a hombros el Cristo de la Vera-Cruz. Fueron muchos años esperando hasta que en 1999, doce años después de ser gastador, pude hacer la guardia en su honor y llevar a hombros al destinatario de todos nuestros esfuerzos, anhelos y nuestra devoción. Además con un ingrediente añadido, poder compartirlo con mis dos primos, José Antonio y Francisco, mis predecesores como cabos de la banda y mis maestros. Por el Señor del Convento estamos todos en la Pepa, para poderle decir desde muy cerquita cada Día de la Cruz cuanto le queremos. He reseñado al principio la fecha en la que he escrito estas vivencias porque me he dado cuenta que mis experiencias en La Pepa no han acabado. Mis experiencias junto a vosotros seguirán repitiéndose cada vez que se escuche vuestra música porque de una u otra forma siempre las viviré y las sentiré como cuando desfilaba.
Y esto es lo que me ha pasado en las últimas fechas. Son varias las actuaciones en las que he podido acompañaros recientemente y he de reconocer que tanto el domingo pasado en el Concierto de Bajo Palio como lo ocurrido ayer, Día de la Pepa, me ha emocionado y habéis conseguido que mis experiencias con La Pepa se sigan acumulando. Cuando pude ver a la banda de aparecer el pasado domingo por calle Larios con las escuadras de gastadores al frente, sentí una mezcla de emociones que me hacían sentir orgulloso, pleno y exultante. Sentí una alegría enorme por la experiencia que todos estabais viviendo y yo con vosotros, pero en especial por las escuadras de gastadores. Como sabéis todos mis años en La Pepa fui gastador, y mascota, y mi única ilusión pendiente de satisfacer fue desfilar algún día por esa calle por la que desfilasteis el pasado domingo. Espero que, sobre todo los gastadores más jóvenes, apreciéis la relevancia de este hecho y el privilegio de haberla vivido, yo hubiese dado mucho por poder estar ahí, con mi escuadra. Pero, sin embargo, el ver a la primera escuadra de gastadores desfilando por esa calle, escuadra a la que dediqué muchas horas de enseñanza en sus inicios, satisfacía en parte esta ilusión no realizada. No pude evitar acordarme de otras actuaciones exitosas que realizamos durante mi estancia en la banda, como fueron la de Pozoblanco, en aquella plaza de toros, o, sin duda alguna la que más satisfacción me produjo, la actuación que hicimos en el año 2005 en la localidad madrileña de Alcalá de Henares en memoria de las víctimas del 11 de Marzo (foto en la Calle Mayor). En ambas actuaciones el acompañamiento que tuvo la banda por parte de nuestros hermanos fue escaso debido a la distancia del desplazamiento pero la repercusión y el éxito obtenido fue, sin duda, muy similar al del pasado domingo. He decidido hablar de estas últimas en las que las disfruté desde fuera porque hace relativamente poco tiempo que dejé la banda y muchos de vosotros, la gran mayoría, las compartisteis conmigo y porque, aunque ya no desfile junto a vosotros, cuando dejéis la banda os daréis cuanta de que se siente Pepa para siempre y que siempre os queda un sentimiento de arrepentimiento por haber abandonado esa ilusión.
A nivel personal y humano, lo que presencié ayer, día de La Pepa, en mi casa no tiene palabras para mí. Que mis compañeros, mis amigos, mis hermanos, mi BANDA se acordase de mi madre después de los momentos vividos este invierno y tuviese el impagable detalle de venir a entregarle una canastilla de rosas y tocarle fue una experiencia que no tiene calificativos para mí, sólo os puedo dar un rotundo y enormemente sentido GRACIAS. Ese detalle no lo olvidaré nunca al igual que el hecho de que La Pepa viniese a tocarme a mi casa cuando nací. Mi escuadra y yo intentamos en todo momento hacerlo lo mejor posible y estar a la altura de la historia de nuestra banda. Sólo puedo daros las gracias por todo a todos los que han compartido conmigo tantos años de devoción por el Señor del Convento desfilando en la Pepa, con especial mención para mi escuadra, para todos los que han formado parte de ella, mil GRACIAS.
Salvador Torres Bravo, miembro de la Pepa (1987-2006) y de la Banda de la Santa Vera-Cruz (desde 2007)



En primer lugar agradecer a la vocalía de la Agrupación Músico Cultural de la Santa Vera-Cruz, la oportunidad que me brinda de poder dirigir unas palabras a nuestra querida Pepa, a pesar de no haber sido componente nunca de ella. No sé si sabré relatar lo que he vivido, pues lo mío no es escribir y me es difícil transmitir tantas emociones, sentimientos y sensaciones en unas líneas.
La Pepa ha supuesto en mi juventud algo tan especial, pudiendo decir que fue mi puerta de entrada e integración en la cofradía, siendo inolvidables los momentos vividos. Inolvidable es aquella tarde en la cual, acudimos tal cantidad de jóvenes, a la plaza del convento, llamados por la cofradía, que jamás podía pensar, fuese elegido para formar parte de ella, pero fue así; pudiendo vivir los ensayos en el campo de fútbol, durante el verano de 1979; después aquellas tardes de otoño en el colegio Picasso, hasta llegar el día de Navidad. Aquel día bajo una gran presencia de herman@s de la cofradía, inauguramos, “El corralón”, la que fue nuestra casa de ensayos, hasta el día de nuestra presentación el 19 de Marzo de 1980. Gracias a Pedro Plaza, el Gavira y Miguel Moreno, por darme la oportunidad, de a los 18 años haber formado parte de la junta directiva de esta mi cofradía. 
A pesar de mi juventud y estando comprometida desde los siete años en esta banda. Mi trayectoria en La Pepa, empezó en la vieja casa hermandad, aquel verano de 2003, para mi Inolvidable… Fue allí donde comencé a disfrutar del ambiente, compañerismo y amistad que hasta estos días me hacen sentir orgullosa de pertenecer a ella.
Un buen amigo me comentó si podría inaugurar esta nueva sección y la verdad es que es de agradecer; no sé por dónde empezar y lógicamente no lo puedo terminar, porque mi vivencia en La Pepa no ha terminado, es eterna.